13 de julio de 2026 8:05 PM

El trauma de un voluntario que busca a su familia sepultada en Venezuela

Desde que los sismos del pasado 24 de junio transformaron el paisaje de Venezuela, la realidad de Miguel Báez, de 32 años, dio un giro radical. Sin ninguna experiencia previa en salvamento, el impulso de encontrar a su madre, a su hermano y a su pequeña sobrina sepultados tras el derrumbe de un edificio en La Guairalo llevó a convertirse en rescatista voluntario.

Durante casi veinte días, Miguel ha desafiado el peligro en túneles improvisados y réplicas sísmicas, trabajando codo a codo con delegaciones internacionales. En la zona del desastre ha lidiado con el dolor extremo y la crudeza de los hallazgos, arriesgando su propia integridad con un solo propósito: rescatar los cuerpos de los suyos para darles el último adiós.

Aunque el paso de las semanas ha apagado la esperanza de un milagro, Miguel confiesa que el verdadero enemigo es la incertidumbre; una sombra que no lo deja marcharse. Su testimonio es el reflejo del cansancio, el trauma y la dolorosa resiliencia que hoy comparten miles de familias venezolanas.